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El exilio científico español

José María Laso Prieto
Ábaco
2 Epoca, No. 42, España: Ciencia y exilio (2004), pp. 49-59
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/20796820
Page Count: 11
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Abstract

Una de las consecuencias más negativas de la guerra civil española, fue el exilio masivo de republicanos que se produjo al finalizar la contienda bélica, para escapar de la feroz represión franquista. Más de medio millón de españoles tuvieron que exiliarse en Francia, al producirse la caída de Cataluña, y fueron internados en los campos de concentración que creó el Gobierno Daladier en las playas del Mediterráneo cercanas a la frontera española. Sin embargo, tan masivo exilio, no sólo fue masivo por la cantidad sino que también alcanzó altos niveles cualitativos, ya que en él estaban integrados los más insignes personajes de la cultura española. De entre tales personajes se podía también desglosar a figuras prominentes de la ciencia española, que se habían ido desarrollando gracias a la labor de la Institución Libre de Enseñanza y la Junta de Ampliación de Estudios. Este fenómeno se desarrolló, sobre todo, en el primer bienio de la II República Española. Este elemento cualitativo del exilio español se manifestó, ante todo, en el exilio español de México, gracias al apoyo del Presidente de la República, el general Lázaro Cárdenas. Ya en 1942, en un ejemplar de la revista Selecciones del Reader's Digest —que me regalaron en el Consulado norteamericano en Bilbao cuando recogía propaganda aliada antinazi— se publicó un artículo, titulado «Emigrados que enriquecen su nueva patria», en el que se informaba de cómo los intelectuales y científicos españoles exiliados habían contribuido a la prosperidad del pueblo mexicano. Pero no fue México el único país donde se produjo éste fenómeno. Ocurrió lo mismo en Francia, Gran Bretaña, Bélgica, República Argentina, Chile, Cuba y la URSS. Se comenta el caso importanet del físico abulense Arturo Duperier Vallesa y otros muchos casos significativos del exilio científico español.

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