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To Ranch or Not to Ranch: Home on the Urban Range?

Robin H. Liffmann, Lynn Huntsinger and Larry C. Forero
Journal of Range Management
Vol. 53, No. 4 (Jul., 2000), pp. 362-370
DOI: 10.2307/4003745
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/4003745
Page Count: 9
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To Ranch or Not to Ranch: Home on the Urban Range?
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Abstract

California ranchers in urban Alameda and Contra Costa Counties, and in rural Tehama County, were surveyed to examine effects of increasing development, land use change, and attrition of the ranching community on their commitment to ranching, and to assess land conservation program acceptability. Questions were about practices, reasons for ranching, and what influences ranching's future. Ranchers share much in common. Most enjoy ranching, "feeling close to the earth," living in a "good place for family life," and the camaraderie in the ranching community. They regularly carry out range improvements. Most believe that society is becoming "hostile to ranching." A dislike for outsider intervention and land use control prevails. Urban ranchers cared significantly less about the fate of their ranch if sold, and feared local land use planning much more. Rural ranchers overwhelmingly wanted their ranch to remain a productive ranch even if sold. No new ranchers appeared in the urban sample for the last 10 years. As urbanization proceeds, we suggest that a point is reached where ranchers recognize the social, ecological, and economic landscape as urban and see it as no longer suitable for ranching. Expecting to sell for development, and/or expecting zoning to change to allow it, becomes the rational view. Land conservation efforts, including relatively acceptable though as yet not widespread conservation easement programs, should begin before that happens. /// Rancheros californianos fueron estudiados, en los condado urbanos de Alameda y Contra Costa y en el rural de Tehama, para conocer los efectos de la urbanización, y de los cambios en el uso del suelo, en relación con el temor de los rancheros a que ello suponga una disminución o pérdida de la comunidad ranchera. También se analizaron sus opiniones acerca del contenido de diversos programas sobre la conservación de los usos posibles del suelo y la tenencia del mismo. El contenido de las preguntas versó sobre las prácticas de los rancheros, las razones que tenían para continuar con su modo de vida y qué aspectos, según ellos, pueden influir en el futuro de su existencia. El sondeo refleja bastante unaimidad en las opiniones de los rancheros. En la mayoría de los casos les gusta ranchear, "sentire que están pisando la tierra", "vivir en en buen lugar para la vida familiar" y disfrutar del compañerismo dentro de la comunidad. Trabajan juntos en el desarrollo de proyectos para la mejora del campo y de los terrenos de pastoreo. Muchos opinan que en la sociedad, en general, existe cierta aversión hacia los rancheros y su modo de vida. Entre los rancheros predomina un sentimiento de decepción hacia los forasteros y con los intentos de intervención exterior para controlar los usos del terreno. Los rancheros urbanos no muestran tanta preocupación sobre las consecuencias de las ventas de sus ranchos, sin embargo temen más que el gobierno les limite los usos de la tierra o la oportunidad de vender sus propiedads. Los rancheros rurales, de manera contundente, desean que sus ranchos continúen siendo productivos, aunque sean vendidos. Ningún ranchero urbano nuevo, perteneciente a los últimos diez años, aparece en el grupo encuestado. Con el proceso de urbanización avanzando, nosotros sugerimos que se llegue a un punto donde los rancheros reconozcan el entorno social ecológico y económico de su rancho dentro de un paisaje urbano y no lo vean como la continuación del rancho. La expectativa de vender su propiedad para el desarrollo, y/o esperar un cambio en las leyes que permita tal desarrollo, es un punto de vista lógico. Los esfuerzos encaminados a la conservación de la tierra,, incluyendo programas que aunque no muy extendidos todavía sean aceptables para muchos rancheros, deberían ser puestos en marcha antes de que el proceso de ventas de parcelas o urbanización del campo ocurra.

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