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Los partidos políticos en el pensamiento español

Los partidos políticos en el pensamiento español: De la Ilustración a nuestros días

IGNACIO FERNÁNDEZ SARASOLA
Series: Estudios
Copyright Date: 2009
Stable URL: http://www.jstor.org/stable/j.ctt6wpvp0
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  • Book Info
    Los partidos políticos en el pensamiento español
    Book Description:

    Esta obra no pretende ser sólo una historia de los partidos en España, sino, sobre todo, una historia de cómo se concibieron estas asociaciones en el pensamiento social y político de cada época, qué tratamiento recibieron, su aceptación o rechazo, las funciones que desempeñaron o el modo en que se intentó organizarlas. Una perspectiva inédita en nuestro país, que muestra hasta qué punto los partidos se entendieron de forma muy dispar a lo largo de los dos siglos que necesitaron para consolidarse. En un recorrido que abarca desde las primeras menciones de los partidos en España —en el siglo XVIII— hasta las fechas más recientes, se analizan las distintas imágenes que sobre estas asociaciones forjaron ciudadanos, periodistas, actores políticos, filósofos y literatos, así como las distintas corrientes de pensamiento: liberal, democrática, fascista, socialista, nacionalista, católica, intelectual o federalista. Todos ellos aportarían su propia perspectiva de los partidos, formando así un calidoscopio todavía inacabado en la actualidad, cuando los partidos se hallan en el centro del debate político, convertidos en los «príncipes modernos» de la democracia.

    eISBN: 978-84-15817-54-3
    Subjects: History, Political Science
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Table of Contents

Export Selected Citations
  1. Front Matter (pp. 1-8)
  2. Table of Contents (pp. 9-12)
  3. INTRODUCCIÓN (pp. 13-20)

    Cuando hace casi dos siglos Tocqueville describió el gobierno de los Estados Unidos de América en la obra que le daría fama universal —De la democracia en América— se sintió obligado a incluir una referencia a los partidos políticos. Seguramente no llegó a sospechar hasta qué punto partidos y democracia ligarían sus destinos, hasta convertirlos en indisolubles.

    Hoy existe el consenso de que un régimen sólo puede calificarse verdaderamente como democrático cuando reconoce el pluralismo político. La participación ciudadana no es suficiente. Es preciso que ésta se canalice de tal modo que las diferentes posturas ideológicas que surgen espontáneamente del...

  4. PRIMERA PARTE EL DESCONOCIMIENTO DE LOS PARTIDOS (1783-1813)
    • LA ILUSTRACIÓN ESPAÑOLA DESCONOCE LOS PARTIDOS (1783-1800) (pp. 23-34)

      El siglo XVIII supuso la apertura de España a la Ilustración, en buena medida patrocinada por Carlos III. La filosofía escolástica, tan influyente hasta entonces, quedó relegada en favor del iusnaturalismo racionalista que procedía esencialmente de los Países Bajos (Grocio, Heineccio), Suiza (Vattel, Burlamaqui), Francia (Domat) y Alemania (Wolff, Puffendorf). Otras teorías de tipo pactista (Hobbes y Spinoza) encontraron una mayor oposición por la radicalidad de sus planteamientos. Sin embargo, la renovación de las teorías acerca del Estado trajo consigo también, de manera indisoluble, la teorización sobre las formas de gobierno. En este punto los autores más influyentes provenían esencialmente...

    • EL SILENCIO GADITANO (pp. 35-48)

      La Guerra de la Independencia supuso una escisión en dos grandes frentes, el de los afrancesados —término que empezó a emplearse hacia 1811 y el de los patriotas. Los primeros habían admitido como legítimas las renuncias de Bayona, por las cuales Carlos IV y Fernando VII cedían la Corona a Napoleón, quien, poco después, la transmitiría a su hermano José Bonaparte (6 de junio de 1808). Procedentes en su mayoría del antiguo Despotismo Ilustrado (cuyos ideales creían ver en la figura de Napoleón y su hermano), no faltaron entre los afrancesados algunos absolutistas (Ettenhard y Salinas, consejero de la Inquisición),...

  5. SEGUNDA PARTE DE LA NEGACIÓN AL RECONOCIMIENTO DE LOS PARTIDOS (1820-1867)
    • EL TRIENIO CONSTITUCIONAL: ENTRE EL RECHAZO Y LA ADMISIÓN DE LOS PARTIDOS (pp. 51-68)

      Tras seis años de absolutismo, el pronunciamiento protagonizado en enero de 1820 por el general Rafael del Riego en Cabezas de San Juan logró restaurar la Constitución de 1812. La recuperada vigencia del texto no sirvió para superar la antigua escisión entre liberales, serviles y afrancesados, que se había ensanchado todavía más durante el Sexenio Absolutista. El Trienio ofreció, por tanto, la misma división ideológica que la Guerra de la Independencia, basada en la dialéctica de «enemigo/amigo de la Constitución»: por una parte, los serviles y los afrancesados, opuestos al texto; por otra, los liberales, partidarios del régimen de libertades...

    • EL VACILANTE RECONOCIMIENTO DE LOS PARTIDOS (pp. 69-110)

      Con la entrada de la Santa Alianza en el territorio español se derrumbó el Trienio Liberal, y se puso de relieve que el régimen constitucional no podría asentarse en tanto Fernando VII continuase en el poder. Hasta su muerte, en 1833, no sería posible reestablecer un sistema representativo. La denominada «Ominosa Década» (1823-1833) sirvió a los liberales exiliados para plantearse las causas del fracaso de la Constitución de 1812. Bien es cierto que al menos los moderados ya habían cuestionado la Constitución gaditana durante el Trienio, pero la lectura crítica se intensificó a partir del segundo fracaso del texto. A...

  6. TERCERA PARTE ENTRE EL PLURALISMO Y EL BIPARTIDISMO (1868-1923)
    • LA DIVERSIDAD DE PARTIDOS (pp. 113-132)

      El final del reinado de Isabel II significó una nueva etapa en la teorización de los partidos políticos, marcada por el debate sobre el protagonismo que había que otorgar a dichas asociaciones para superar las corruptelas del régimen anterior. Hasta entonces, la reina había llamado a formar Gobierno exclusivamente a los moderados, condenando al partido progresista a optar por el retraimiento. La actuación de la reina y de sus Gobiernos moderados supuso un serio revés para el sistema representativo —al convertirse el caciquismo y el fraude electoral en moneda común—, pero también para la consolidación del sistema parlamentario: por...

    • NUEVAS IDEAS DE PARTIDOS (pp. 133-166)

      El nuevo protagonismo asignado a los partidos estuvo acompañado por un interés especial sobre la forma de organizarlos. Paulatinamente comenzó a imponerse entre algunos partidos, como el socialista, la idea de partido de masas (aunque no se utilizase esta denominación), en la que los afiliados empezaban a asumir un papel relevante, si bien es cierto que hasta la Segunda República este tipo de partidos no se consolidaría. En todo caso, la Revolución de 1868 impulsó la participación de los afiliados, no sólo a través de las asambleas locales del partido, sino también económicamente, como mecanismo sustancial de financiación. Algo, por...

    • EL BIPARTIDISMO: PARTIDOS PARA ESTABILIZAR EL RÉGIMEN (pp. 167-198)

      El pluralismo político recién estrenado no contó con el beneplácito de un sector doctrinal básicamente conservador, que trató de reconducirlo hacia una postura bipartidista. Frente al pluripartidismo, al que se consideraba como un factor de desestabilización y de defensa de intereses parciales, oponía la idea de que el sistema representativo requería, para funcionar, de dos partidos que alternasen su posición pacíficamente en el Gobierno (actuando entretanto el otro partido en calidad de oposición); partidos que debían coincidir en unas premisas comunes —que compondrían la «legalidad»— a fin de garantizar la pervivencia de ciertos valores e instituciones, entre los que ocupaba...

    • LAS CRÍTICAS AL TURNISMO (pp. 199-226)

      El sistema de partidos de la Restauración se asentaba sobre presupuestos artificiosos: artificial era el turnismo, creado de la nada, y no menos artificiales eran los dos grandes partidos que se insertaban en el turno; unos partidos que, a diferencia de lo que sucedía en Inglaterra, no habían surgido por una bipolarización social e histórica en torno a las ideologías conservadora (tory) y liberal (whig), sino a partir de una construcción teórica basada en una débil imitación del bipartidismo británico y en la que había pesado incluso la imposición, merced a la doctrina de los partidos ilegales promovida por Cánovas....

  7. CUARTA PARTE ENTRE EL PARTIDO ÚNICO Y EL PLURALISMO (1923-2008)
    • LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA Y EL PARTIDO ÚNICO (pp. 229-244)

      El cambio de siglo agostó al maltrecho parlamentarismo español. En realidad no fue una situación que afectara sólo a nuestro país, sino un proceso común a muchos de los Estados europeos, especialmente intenso a partir de la Primera Guerra Mundial, momento en el que los Parlamentos se retrataron como lentas máquinas ineficaces. Esta esterilidad se imputaba precisamente a los engranajes liberales: la fe en los prolongados debates, la constante formación de Comisiones, la presencia de múltiples partidos en las Cámaras, el obstruccionismo, las eternas luchas partidistas... Muchos de los aspectos que había ensalzado el liberalismo del XIX se habían convertido...

    • EL PLURALISMO «EXCESIVO»: LA SEGUNDA REPÚBLICA (pp. 245-282)

      Tras la sequía de la Dictadura de Primo de Rivera, la Segunda República constituiría un punto de inflexión en la historia de los partidos políticos, marcado por un pluralismo hasta entonces desconocido y que hacíatabula rasade experiencias anteriores. Gran parte de los partidos protagonistas de esta nueva etapa surgirían poco antes del 14 de abril de 1931, o bien lo harían justo en los meses sucesivos a la proclamación de la República, al amparo del pluralismo recién instaurado.

      Este nuevo régimen ponía fin a las dos situaciones vividas con anterioridad: el sistema de partido único de la Dictadura,...

    • EL FRANQUISMO: DE NUEVO LA DICTADURA Y EL PARTIDO ÚNICO (pp. 283-312)

      Las distintas corrientes de pensamiento que confluyeron en el régimen franquista (carlismo, tradicionalismo católico, nacional-sindicalismo, falangismo) tenían en común su visceral rechazo del parlamentarismo y los partidos políticos. La Segunda República no haría más que exacerbar este rechazo. Aparte de la forma de provisión de la Jefatura del Estado —a la que se oponía el tradicionalismo católico— ¹, y el ascenso del socialismo —que repugnaba a todas las corrientes sin excepción—, la Segunda República había significado la implantación de una democracia parlamentaria en la que los partidos habían proliferado como nunca. La hostilidad que el pensamiento católico de derechas...

    • EL PUNTO DE LLEGADA: LOS PARTIDOS EN UNA DEMOCRACIA PLURALISTA (pp. 313-340)

      La muerte de Franco dejaba tras de sí la incógnita en torno al camino que emprendería aquel régimen que había edificado y sostenido durante cuarenta años. Las perspectivas para los partidos políticos dependían de que, fallecido el dictador, se abrieran o no las compuertas democráticas. De mantenerse los principios del Movimiento y el concepto de democracia orgánica no iba a resultar posible avanzar mucho más allá de lo que lo había hecho el Decretoley 7/1974, del derecho de asociación política, es decir, del mero reconocimiento de las «familias» dentro de las bases ideológicas del régimen. La otra alternativa era evidente:...

    • EPÍLOGO. DOS SIGLOS DE PARTIDOS EN EL PENSAMIENTO ESPAÑOL (pp. 341-346)

      Ninguna asociación ha sido tan ignorada, vilipendiada, estudiada o admirada como los partidos políticos. Tampoco ninguna ha sufrido tantos cambios de imagen, tantas interpretaciones, tantas lecturas diversas.

      Los partidos empezaron en España su singladura a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX como realidades desconocidas, sobre las que nada se decía o se deseaba decir; ora no se percibía su existencia, ora se ocultaba de forma consciente. Desconocimiento y silencio eran el resultado del difícil acomodo que tenían esas asociaciones en las circunstancias políticas españolas de la época. En un gobierno absoluto, como el del XVIII, sin Parlamento ni...

  8. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA (pp. 347-372)
  9. ÍNDICE ONOMÁSTICO (pp. 373-382)
  10. Back Matter (pp. 383-384)